Durante años, la conversación sobre educación superior se movió alrededor de un único eje: carreras, posgrados, títulos. Ese modelo sigue siendo valioso, pero hoy convive con una presión nueva: el mercado y los proyectos ya no preguntan solo “qué estudiaste”, sino “qué podés hacer, bajo qué estándar y con qué evidencia”.
Ahí aparece una transformación silenciosa, pero decisiva: el pasaje de la certificación de trayectorias largas a la certificación de capacidades demostrables. Y cuando esa transformación la impulsa una universidad pública y se proyecta desde una red regional como UDUALC (Union de Universidades de América Latina y el Caribe), deja de ser una tendencia: empieza a convertirse en infraestructura.
Qué es una microcredencial (y por qué no es “un cursito con diploma”)
Una microcredencial es un registro formal de resultados de aprendizaje adquiridos en una experiencia de formación de menor escala, evaluados contra criterios transparentes, y diseñados para responder a necesidades personales, sociales o del mercado laboral. En otras palabras: no es un certificado “decorativo”, sino una unidad de valor educativo con diseño, evaluación y trazabilidad.
La idea de fondo es potente: en lugar de esperar años para “probar” una formación, el aprendizaje se vuelve modular, acumulable y portable. Y eso abre la puerta a trayectorias donde cada tramo tiene sentido por sí mismo, y también suma hacia recorridos mayores.
La diferencia que importa: conocimiento vs habilidad
Cuando se dice que una microcredencial acredita “habilidades” (no solo conocimiento), el cambio no es semántico: es metodológico.
Conocimiento: entender conceptos, marcos, definiciones.
Habilidad/competencia: ejecutar una acción profesional verificable, bajo restricciones reales, con entregables evaluables.
La microcredencial “por habilidad” se sostiene en evaluación por desempeño: no alcanza con declarar que se sabe; hay que producir evidencia. En BIM, esa evidencia existe por naturaleza: modelos, entregables, matrices, BEP, criterios de información, reportes de coordinación. Esta es una de las razones por las que BIM es un caso ideal para liderar esta narrativa.
Cuando decís “no solo conocimiento sino habilidades”, el punto no es semántico: es el cambio de paradigma.
Conocimiento: “Comprende qué es ISO 19650”, “Sabe trabajar bajo Protocolo sin intoxicar el BIM aguas abajo”, “sabe gestionar y escribir un BEP”.
Habilidad (competencia): “puede configurar un flujo CDE bajo ISO 19650 y respetando Protocolo”, “puede producir un entregable de coordinación trazable”, “puede auditar nomenclatura, estados, revisiones y evidencias”.
La microcredencial basada en habilidades se apoya en evaluación por desempeño: no alcanza con aprobar un examen teórico; se exige un artefacto verificable (modelo, set de entregables, BEP, informe de clashes, matriz de información, etc.) evaluado con rúbrica. Eso es lo que la vuelve “portable” al mercado.
Por qué aparece blockchain en este escenario (sin mística cripto)
La mayoría de los certificados actuales (PDF, constancias, diplomas escaneados) tienen un problema estructural: son fáciles de falsificar o alterar, y difíciles de verificar a escala.
Cuando una universidad emite credenciales digitales con mecanismos de verificación robustos (y, en algunos esquemas, con anclaje o infraestructura blockchain), lo que se está construyendo es una capa de confianza:
autenticidad del emisor,
integridad del documento,
verificabilidad por terceros sin fricción.
UNDAV viene participando y discutiendo formalmente estos temas en espacios vinculados a “Blockchain & Universidades”, incluyendo diseño y emisión de microcredenciales, estándares de calidad y enfoques de regulación y reconocimiento.
La traducción práctica es simple: la credencial deja de ser un archivo y pasa a ser un activo verificable.
UNDAV + UDUALC: cuando una innovación puede escalar regionalmente
Hay innovaciones que quedan como “pilotos aislados”. Y hay innovaciones que, por respaldo institucional, se vuelven arquitectura.
En este punto es difícil exagerar la relevancia política-técnica: el rector de la UNDAV, Ing. Jorge Calzoni, fue reelegido como presidente de la UDUALC para el período 2025–2028.
Eso habilita una hipótesis concreta: que el esquema de microcredenciales verificables no sea solo una iniciativa local, sino un lenguaje común de reconocimiento entre universidades de América Latina y el Caribe. No implica que todas adopten lo mismo de inmediato (cada una mantiene autonomía), pero sí que puede nacer un marco compartido para que el reconocimiento sea posible.
El caso BIM: una diplomatura con créditos + microcredenciales como “doble validación”
En el campo BIM, el problema de fondo está clarísimo: hay una brecha entre “haber visto BIM” y poder operar BIM en un proyecto real con estándar, trazabilidad y coordinación interdisciplinaria.
En el marco de la colaboración entre UNDAV y MillerCo / Home of BIM, la Diplomatura BIM se presenta públicamente con créditos académicos oficiales (alrededor de 8 creditos que tienen el mismo criterio que los ECTS)
Además, la propia UNDAV informó un convenio específico con MILLER & CO S.R.L. para fortalecer la formación BIM e incorporar certificación internacional Autodesk a través de la plataforma Home of BIM.
El punto estratégico no es sumar “sellos”, sino construir doble validación:
Validación académica (créditos y normativa universitaria).
Validación operativa (microcredenciales por desempeño con evidencia verificable).
Y esa combinación es, hoy, una de las pocas formas creíbles de afirmar: “esto no certifica asistencia; certifica capacidad”.
Qué cambia para el profesional, para la empresa y para la región
Para el profesional, una microcredencial verificable funciona como portabilidad: reduce fricción al demostrar capacidades frente a clientes, empleadores o instituciones.
Para las empresas, reduce incertidumbre: permite mapear habilidades específicas (no “títulos genéricos”) y contratar o capacitar con mayor precisión.
Para la región, abre una puerta de alto impacto: si se consolida un marco de reconocimiento regional, América Latina puede exportar talento con menor fricción, porque la credencial se vuelve legible y verificable más allá de fronteras.
Cierre: no es una moda; es un cambio de infraestructura
Contar esta historia no es “contar una novedad”. Es explicar una transición: de la credencial como papel, a la credencial como infraestructura de confianza; del aprendizaje como recorrido cerrado, al aprendizaje como sistema modular acumulable; del “saber”, al “poder hacer” con evidencia.
Y si esa transición se articula desde una universidad pública con vocación regional —UNDAV— y una red continental —UDUALC—, entonces BIM deja de ser solo un tema técnico: pasa a ser un caso piloto de cómo se construye movilidad académica y empleabilidad verificable en serio.



